Con respeto y gratitud, todo el equipo de Vila’s despidió a su fundador

Ayer vivimos un momento profundamente conmovedor en Vila’s Motor. La operación se detuvo por unos instantes para recibir el cortejo fúnebre de nuestro querido socio fundador, Don Tomás Vila Guerrero (Q.E.P.D.).

En un acto de máximo respeto y gratitud, todo el equipo salió a su encuentro para despedirlo con un aplauso solemne y afectuoso. Nuestras retroexcavadoras izaron la bandera chilena y el resto de nuestros equipos, al unísono, hicieron sonar sus bocinas, creando un ambiente de gran solemnidad y profundo recogimiento. Fue su última visita a las instalaciones que vieron nacer su visión, y el sentido adiós de la gran familia de colaboradores que formó.

Su gran legado de “Compromiso y Excelencia” permanecerá imborrable en la memoria y en el trabajo diario de cada uno de nosotros.

Como Vila’s Motor, queremos agradecer sinceramente a todos quienes ayer se sumaron a esta despedida: trabajadores, amigos, familiares, y empresas tanto regionales como nacionales. Su valiosa presencia y muestras de afecto son el más fiel reconocimiento a la profunda huella que Don Tomás deja en el corazón de la familia iquiqueña.

Biografía de Don Tomás Eduardo Vila Guerrero

 

“Hoy nos reunimos con el corazón encogido por la tristeza, pero también profundamente lleno de gratitud y orgullo, para honrar la memoria y despedir el viaje terrenal de un hombre excepcional, un pilar de nuestra comunidad y el gran patriarca de su familia: Don Tomás
Eduardo Vila Guerrero.”

Don Tomás fue un auténtico hombre del norte; nació en su querido Iquique un 5 de junio de 1941, creciendo con el temple de la pampa salitrera y la inmensidad del mar.

Desde joven demostró los valores de la responsabilidad, el honor y la disciplina, cualidades que lo llevaron a entregar gran parte de su vida al servicio de la patria en el Ejército de Chile.

Ingresó a la institución realizando su servicio militar y, a base de un esfuerzo incansable y una conducta intachable, forjó una carrera ejemplar dentro de la División Material de Guerra. Su entrega y liderazgo lo llevaron a jubilarse alcanzando el grado máximo de su escalafón: Suboficial Mayor, dejando una huella imborrable de rectitud en cada uno de sus camaradas de armas.

Su mente activa y su visión de futuro no se detuvieron tras el retiro militar. Heredero de la pasión automotriz y el esfuerzo que vio en su propio padre, don Tomás dio vida en 1989 a uno de sus más grandes orgullos profesionales: Vila’s Motor.

Como socio fundador, no solo construyó una empresa sólida y respetada en la región, sino que edificó un verdadero patrimonio familiar. Con el tiempo, vio con inmensa satisfacción cómo sus hijos se sumaban a este proyecto, trabajando codo a codo bajo los mismos valores de honestidad y calidad que él les inculcó desde pequeños. Su obra empresarial seguirá viva, siendo el norte y la inspiración de toda la gran Familia Vila’s.

Si bien sus logros profesionales fueron grandes, su mayor tesoro fue siempre su hogar. La historia de don Tomás se entrelaza de forma indestructible con la del gran amor de su vida, su inseparable esposa, la señora Irene Oriele Ramírez Sanhueza.

Se conocieron en la juventud, cuando él tenía 19 años y ella 17. Tras tres años de un dulce pololeo, unieron sus vidas ante Dios un 23 de diciembre en la Iglesia San Francisco de Iquique, iniciando un viaje de amor, complicidad y respeto mutuo que superó los 57 años de matrimonio.

Fruto de esa unión ejemplar nacieron sus cinco hijos: Ernesto Alberto, Eduardo David, Emilia Elizabeth, Roxana Karina y Tomás Ricardo. Para don Tomás, no había mayor felicidad que ver a su gran clan unido. Hoy se quedan grabados en el alma de los suyos los recuerdos más felices:

● Los veranos inolvidables disfrutando en familia, acampando durante meses en las
playas de Chanavayita.
● Las escapadas y almuerzos en Mejillones.
● Y de manera muy especial, aquel maravilloso viaje en crucero en abril de 2018,
donde con profundo amor le cumplió el sueño de toda la vida a su amada Irene.

“Don Tomás fue un hombre de pocas palabras pero de acciones gigantescas. Un militar ejemplar, un empresario visionario, pero por sobre todo, un esposo devoto, un padre protector y un abuelo cariñoso. Su cuerpo hoy descansa, pero su legado, sus valores y su mirada bondadosa permanecerán imborrables en cada uno de nosotros y en cada rincón de la obra que construyó con tanto amor…” Como dijo un amigo hace horas atrás, Iquique está triste, porque se fue un Iquiqueño.